La Función de Nutrición.

Imagina que tu cuerpo es una ciudad en constante movimiento. Para que las calles funcionen, los edificios se mantengan en pie y tú puedas correr, jugar y pensar, necesitas energía y materiales de construcción. Eso es, en esencia, la nutrición: el conjunto de procesos mediante los cuales los seres vivos obtienen, transforman y utilizan las sustancias que necesitan para vivir. No se trata solo de comer, sino de todo lo que pasa después: desde que llevamos un bocado a la boca hasta que cada célula de nuestro cuerpo aprovecha ese alimento para crecer, repararse o realizar sus funciones. Sin nutrición, simplemente no hay vida posible.

Existen dos grandes formas de conseguir esos recursos vitales, y la gran diferencia está en la fuente de donde provienen. Los organismos autótrofos son como pequeños chefs que cocinan su propio alimento; usando la luz del sol, el agua y el dióxido de carbono, fabrican su propio "plato principal" (la glucosa) a través de la fotosíntesis. Las plantas, las algas y algunas bacterias son los ejemplos más claros. En cambio, los organismo heterótrofos somos como comensales que necesitan ir al restaurante, porque no podemos producir nuestro propio alimento; debemos obtener la materia y la energía consumiendo a otros seres vivos. Animales, hongos y muchos microorganismos entramos en esta categoría, y nuestra supervivencia depende, directa o indirectamente, de los autótrofos.

Pero, ¿qué es exactamente lo que buscamos en los alimentos? Hablamos de los nutrientes, que son las sustancias químicas que nuestro cuerpo necesita y que extraemos de lo que comemos. Estos se dividen en dos grandes grupos: los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas), que nos dan energía y son los ladrillos para construir tejidos, y los micronutrientes (vitaminas y minerales), que actúan como los engranajes finos que regulan todas las reacciones del cuerpo, aunque los necesitemos en cantidades más pequeñas. La alimentación es el acto voluntario y consciente de elegir, preparar y consumir esos alimentos, mientras que la nutrición es un proceso involuntario y biológico que ocurre dentro de nosotros. Una buena alimentación es la clave para que el proceso nutricional sea eficiente.

Ahora bien, obtener los nutrientes es solo el primer paso. El metabolismo es el fascinante laboratorio interno donde todo se transforma. Son todas las reacciones químicas que ocurren en nuestras células para convertir los nutrientes en energía utilizable (lo que llamamos anabolismo, cuando se construyen moléculas complejas) y para descomponer esas moléculas y liberar energía mediante el catabolismo. Es como si tu cuerpo tuviera una fábrica que, por un lado, quema combustible para que tengas fuerza y calor, y por otro, ensambla nuevas piezas para reparar un músculo o renovar la piel. El metabolismo es el ritmo al que trabaja esa fábrica, y varía según la edad, la actividad física y el propio organismo.
Finalmente, veamos cómo se aplica esto en la práctica. En las plantas, la nutrición es autótrofa: toman agua y minerales del suelo por la raíz y dióxido de carbono del aire por las hojas, y con la energía solar fabrican su propio azúcar. En los animales, la nutrición es heterótrofa: ingieren alimentos sólidos o líquidos, los digieren para descomponerlos en nutrientes más pequeños y los absorben para distribuirlos por todo el cuerpo, eliminando los desechos. En los seres humanos, el proceso es similar al de otros animales, pero con una gran complejidad y conciencia. Comenzamos con la digestión en la boca, el estómago y el intestino, donde los alimentos se transforman en una "papilla" de nutrientes que pasan a la sangre. Esta sangre, impulsada por el corazón, lleva esos nutrientes y el oxígeno a cada una de nuestras billones de células, que los usan en su metabolismo para darnos la energía para pensar, movernos y sentir, demostrando que, al final, todo en nuestro cuerpo está conectado por este maravilloso proceso llamado nutrición.

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